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jueves, 6 de octubre de 2016

LOS CINCO SENTIDOS. DEMIAN LUCANO

LOS CINCO SENTIDOS

INTRODUCCIÓN
Los Cinco Sentidos son las ventanas que comunican a nuestro Espíritu con el mundo exterior, gracias a ellos podemos actuar y desenvolvernos dentro de la realidad corpórea. A través de dichas ventanas recibimos las impresiones del mundo que nos rodea, éstas llegan a nuestro cerebro para ser procesadas en información que nos permita pensar, ejecutar, proceder, relacionarnos con las personas y con nosotros mismos.
Muchos han sido los descubrimientos que se han conseguido en tanto al estudio del carácter psicofisiológico y neuropsicológico del homo sapiens. Primero fue la fisiología, ahora, en estas últimas décadas, el campo de la Neurociencia ha sacado a la luz muchas nuevas investigaciones sobre la estructura física de los cinco sentidos; por otro lado, la psicología cognitiva, la Gestalt, el constructivismo, la PNL (programación neurolinguística) y la filosofía de la percepción, son otras de las ramificaciones teóricas y psicoterapéuticas que han dedicado sus fundamentos epistemológicos al entendimiento de estos procesos y a la importancia que en la vida desencadenan.
Remitiendome a la estructura pedagógica de nuestra Au:.Or:., es en el segundo Gr:. de Comp:. en donde se deben estudiar pragmática y esotéricamente los cinco sentidos para así hallar correspondencia entre nuestra realidad interna y la externa, permitiéndonos pulir nuestro ser cognoscente en lo que interpretamos y discernimos del medio, extinguiendo lo falso y cultivando lo verdadero, transformándonos así en Magos conscientes de nuestra propia divinidad. La enseñanza de los cinco sentidos es una disciplina regeneradora de retrospección autoguiada que nos revela las distintas matrices del mundo invisible.

DESARROLLO
Desde la visión de la ciencia positiva, los sentidos son el mecanismo fisiológico de la percepción por donde el mundo material fenoménico es captado. El oído, la vista, el tacto, el gusto y el olfato comunican sus impresiones a través de los órganos que dan soporte sensorial al cerebro, el cual construye a través de la conciencia la experiencia de un mundo físico donde domina la forma. Los sentimientos, las emociones, la memoria, los estados anímicos, la visión del pasado y la proyección del futuro son el resultado de cómo percibimos el medio, la realidad material y antimaterial se revelan a través de los mismos, enviando la información al cerebro para ser procesada.
A lo largo de la historia de la metafísica y la epistemología, se ha discutido acerca de la pertenencia o no del sujeto a la realidad que conoce, y si ésta última es realmente la verdadera realidad, o bien ve una parte de ella o una realidad falsa, o si en realidad es él quien la construye como lo afirma el constructivismo. Platón, en la alegoría de la caverna, plantea que la especie humana es capaz de conocer solamente las sombras de la realidad, y que ésta se encuentra en el llamado Mundo de las Ideas. Immanuel Kant, en tanto, plantea que el sujeto cognoscente no conoce el noúmeno, o verdad última, sino sólo el fenómeno de ella. El positivismo mantiene al sujeto fuera de la realidad, entendiendo el conocimiento como la extracción de contenido de tal externalidad. En cambio, el constructivismo, y en especial Ernst von Glasersfeld, consideran al sujeto como generador de su propia realidad. Humberto Maturana, en tanto, relaciona esto último con la idea de autopoiesis; la capacidad del ser vivo para autogenerarse.
Al fin y al cabo, el hombre profano vive en una dimensión sujeta a los cinco sentidos y tiende a caer en el error de creer que cualquier cosa que esté más allá de esos sentidos no existe. Para el vehículo físico, cada uno de estos sentidos sólo puede palpar un espectro limitado de información del medio externo. La apertura de nuestra mente nos permite y permitirá conocer interminables vestigios de información y registros que existen enmarcados a lo largo de toda la Naturaleza.
La filosofía yóguica y el ocultismo oriental plantean que el hombre posee otros sentidos y facultades además de los que conoce la ciencia experimental. Además de los cinco sentidos del cuerpo físico, tiene el hombre cinco sentidos astrales (contraparte de los anteriores), que actúan en el Reino Astral, y por cuyo medio puede oír, ver, gustar, oler y hasta tocar sin los órganos físicos que de instrumento sirven al cuerpo. Más aún, posee un sexto sentido físico, por cuyo medio percibe los pensamientos emanados de las mentes ajenas, por distantes que estén. Entonces, hay un sentido astral correspondiente a cada órgano físico, pues son una extensión ampliada de los físicos. Todo ser humano posee sentidos astrales, pero pocos los han desarrollado de modo que puedan usarlos conscientemente. Algunos tienen a veces fugaces momentos de percepción astral, pero no son conscientes del origen de sus impresiones, pues tan sólo se dan cuenta de que “algo penetra en su mente”, y con frecuencia desechan la impresión, considerándola ilusoria. Quienes despiertan a la percepción astral suelen ser al principio tan torpes como los niños cuando los sentidos físicos comienzan a recibir y transmitir las primeras impresiones. Es por ello que el Comp:. Mas:. debe en el presente Gr:. meditar, contemplar y practicar las potencialidades divinales internas que posee, si bien debe empezar a practicar su clarividencia como un niño jugando a conocer el mundo, es el tiempo y la práctica las que convierten al neófito en un Maestro de sí mismo.

“Tú, conoce al ser individual (ātman) como el dueño del carro, y al cuerpo ciertamente como el carro. Conoce al intelecto (buddhi) como el auriga, y a la mente (manas) ciertamente como las riendas. Los sentidos, dicen, son los caballos, y los objetos de los sentidos son los caminos”. Katha Upanishad (3.3-4)

Esta cita del Katha Upanishad, el tercero de los 108 Upanishads del canon Muktika, nos describe claramente el significado de nuestro tema: El carro es nuestro cuerpo material que se mueve en el mundo llevado por los sentidos, estos últimos, a su vez, van detrás de los objetos sensoriales que despiertan el interés de la mente, la cual debe controlar los corceles dándoles rienda suelta o frenándolos. Debido a que la mente es, por naturaleza, inquieta y cambiante, se necesita de un auriga o cochero que aplique el discernimiento sobre la mente y el carro, este discernimiento es característica básica del intelecto o la inteligencia, ambas traducciones admisibles de la palabra sánscrita buddhi. Por alguna razón, esta analogía del carro está ligada al Bhagavad Gītā, en donde no hay mejor ejemplo de inteligencia/intelecto que el Señor Krishna como auriga.

LOS CINCO SENTIDOS

EL OÍDO o el sentido de la audición: El oído conforma los órganos de equilibrio y audición. También se le denomina órgano vestibulococlear dentro del estudio de la medicina. Es un órgano que se encuentra muy desarrollado, principalmente en mamíferos inferiores terrestres y acuáticos, tal es el caso de los félidos y los grandes cetáceos en donde, gracias a evolución fisioanatómica, se han hiperdesarrollado mecanorreceptocitos especializados en destacar el sentido de equilibrio y audición en perfecta armonía. En el caso del ser humano, esta evolución no está tan desarrollada.
Desde la perspectiva evolutiva, es el más nuevo de todos nuestros sentidos, se ha venido desarrollando desde hace 200.000 años y ha permitido la maravillosa creación del lenguaje hablado y existen pruebas de que todavía está evolucionando. 
El oído es el sentido social por excelencia, por lo que desde el punto de vista espiritual representa la voz de la conciencia, que nos permite oír los gritos de remordimiento y el estrépito de la risa de la felicidad, por lo que el oído está asociado Mas:. a nuestra vida moral.
El oído nos comunica el lenguaje de los sonidos y nos permite captar la armonía de las esferas pitagóricas. La expresión griega “harmonia tou kosmou” se traduce como «armonía del cosmos» o «música universal»; la palabra armonía se entiende aquí por las buenas proporciones entre las partes y el todo, en un sentido matemático pero también «esotérico», según el misticismo pitagórico.
El Maitri Upanishad (VI, 22-23) plantea que existen dos formas de contemplación de Brahman: con sonido y en silencio. Mediante el sonido llegamos al silencio. El sonido de Brahman es OM. Con OM llegamos al final, al silencio de Brahman. Es un silencio gozoso. El final es inmortalidad, unión y paz.
A fin de alcanzar lo más alto, se observa el sonido y el silencio de Brahman en adoración. Pues se ha dicho: “Dios es sonido y silencio. Su nombre es OM. Busca, pues, alcanzar la contemplación, la contemplación silenciosa en Él”. (6.23)
Así como el fuego tras arder halla la paz en su lugar de reposo, cuando los pensamientos se tornan en silencio, el alma encuentra la paz en su propia fuente.
Al igual que una araña alcanza la libertad del espacio por su propia tela, el hombre de concentración alcanza la libertad por medio de OM. Es el final del viaje donde el temor y el pesar no tienen cabida: estable, inmóvil, no decae, es sempiterno e inmortal, lo llaman el Vishnu omnipresente.
    Por otro lado, la clariaudiencia es la audición en el plano astral por medio del oído astral. La audición astral capacita al Mago para recibir vibraciones astrales desde distancias enormes y después de transcurrido largo tiempo.
En el cántico de Mantrams existen dos formas de meditación, el observar cada palabra dentro de un Templo Mental consagrado a dichos fines o escuchar detenidamente la vibración de cada letra para así inundarnos de la esencia divina. Paramahansa Yogananda promueve la concentración en el oído derecho durante la meditación, ya que éste es un portal multidimensional, “escuchas con tu oído derecho la voz interior”, lo que se escucha dentro del oído es la palabra de Dios que sale del corazón y que se escucha en la mente dentro de la cabeza, en el oído.

LA VISTA o el sentido de la visión: Es la capacidad de detectar las ondas electromagnéticas dentro de la luz visible por el ojo e interpretar por el cerebro la imagen como vista. La vista es el sentido que nos permite percibir la forma y el color de los objetos a distancia, está asegurado por un órgano receptor, el ojo; una membrana y la retina, estos reciben las impresiones luminosas y las transmiten al cerebro por las vías ópticas. El ojo es un órgano par situado en la cavidad orbitaria; es movilizado por un grupo de músculos extrínsecos comandados por los nervios motores. El funcionamiento del ojo es análogo al de una cámara fotográfica, estos vendrían a ser un observatorio avanzado del cerebro que comprende el bulbo del ojo y el nervio óptico.
El ojo humano es uno de los más perfectos órganos, dado que con sus escasos milímetros de superficie puede llegar a encerrar el firmamento y las interminables estrellas de la noche. El sentido espiritual de la vista es considerado el generador de la imaginación, y sabemos que sin imaginación no habría ideal de vida, ya que una persona sin el sentido de la vista espiritual sería como un muerto.
 El espíritu se manifiesta a través de éstas ventanas logrando diferenciar la Luz Divinal de su contraparte, la oscuridad de las tinieblas, ayudando al Iniciado a discernir adecuadamente en su camino. Todas las formas de materia están emitiendo constantemente radiaciones en todas direcciones, estos rayos astrales son mucho más sutiles que los rayos luminosos ordinarios, pero se difunden de la misma manera y los percibe la visual astral, así como el ojo físico con los rayos ordinarios de luz. Los rayos luminosos astrales se propagan infinitamente y los sentidos astrales sumamente agudos y expertos de los ocultistas avanzados registran impresiones desde distancias increíbles. Estas ventanas nos muestran las diversas manifestaciones dimensionales, podemos observar el campo aúrico de todo lo viviente, la calidad de los pensamientos de las personas y los múltiples espíritus humanos y no-humanos de los Reinos suprasensibles.
 Es gracias al Ojo Interno que podemos viajar al Universo de nuestro microcosmos y encontrarnos con los distintos mecanismos que sustentan el engranaje de nuestro Ser. La visión meditativa de la chispa divina que en cada uno de nosotros habita, es posible con el Ojo interno espiritual.

EL TACTO: Es la percepción de la presión, generalmente en la piel. El sentido del tacto es aquel que permite a los organismos percibir cualidades de los objetos y medios como la presión, temperatura, aspereza o suavidad, dureza, etc. Todos los demás sentidos tienen un órgano clave que puede ser estudiado; para el tacto, ese órgano es la piel, y se extiende por todo el cuerpo. Ahí se encuentran diferentes clases de receptores nerviosos que se encargan de transformar los diferentes tipos de estímulos del exterior en información susceptible para ser interpretada por el cerebro. Los plieges tactilares sirven para detectar el calor, el frío, el dolor o cualquier otra sensación; y la sensación es una de las funciones que la conciencia utiliza para orientarse en el espacio exterior, en su ambiente, como en el espacio interior. El tacto afecta a todo el organismo, así como a la cultura en medio de la cual éste vive y a los individuos con los que se pone en contacto. Esto hace que el estudio del tacto, en muchos aspectos, sea difícil de investigar.
El tacto pertenece al sistema sensorial cuya influencia es difícil de aislar o eliminar. Un ser humano puede vivir a pesar de ser ciego, sordo y carecer de los sentidos del gusto y el olfato, pero le es difícil sobrevivir sin las funciones que desempeña la piel. Las personas que son ciegas viven a través del tacto, ven, sienten, imaginan el mundo dándole forma y sentido a través del contacto, la persona ciega es capaz de reconocer rostros y generar distintos tipos de percepción.  
El tacto es uno de los más seguros de nuestros sentidos, dado que sin él los demás caerían a menudo en el error. El sentido espiritual del tacto informa al alma la idea del Yo y del No-Yo, es decir, el conocimiento y las medidas del mundo externo, guiándonos en el camino de la alquimia para discernir los estados de la materia y su posibilidad de cambio. Sin la resistencia que el mundo físico nos opone, no podríamos distinguir nuestro propio ser de los hechos del entorno.

EL GUSTO: El gusto es el sentido que nos proporciona información sobre la naturaleza química de los alimentos. Su órgano principal es la lengua y sus receptores son las papilas gustativas. El sentido del gusto o del sabor es uno de los dos sentidos químicos del cuerpo. Se denomina habitualmente gusto a una sensación compleja provocada no solo para excitación de sus receptores específicos, sino también de los receptores del sentido químico general, táctiles y térmicos de la boca, y sobre todo de los receptores del olfato. La supresión de estos últimos disminuye considerablemente el gusto, y en forma especial la discriminación gustativa.
El gusto simboliza las sensaciones agradables o desagradables que experimentamos cuando incorporamos algo a nuestras vidas y nos satisfacemos con ello, sean ropajes, alimentos, estilos de existencia o ideas, así como la imagen que proyectamos a los demás con ese gusto. No en vano se dice que una persona dotada de una educación esmerada y que sabe apreciar lo verdadero, bueno y bello es un ser de buen gusto, lo que nos lleva a entender desde una perspectiva espiritual, que en todo momento debemos querer y buscar lo que merece ser querido. No se debe olvidar que el gusto es el único sentido que tiene relación con el centro instintivo.

EL OLFATO: En el hombre, el sentido del olfato está menos desarrollado que en muchos animales, quizás porque al contrario que éstos, no depende de él para buscar alimento, hallar pareja o protegerse del enemigo. El área de la nariz humana sensible al olor es de unos pocos centímetros cuadrados. El olfato humano es el más sensible de todos nuestros sentidos, unas cuantas moléculas, es decir, una mínima cantidad de materia, bastan para estimular las células olfativas. Los receptores olfativos del hombre se encuentran situados en la porción superior de las fosas nasales, donde la pituitaria amarilla cubre el cornete superior y se comunica con el bulbo olfatorio. Mediante el acto de olfatear, la dirección de la corriente de aire es dirigida hacia la región olfatoria superior de la cavidad, facilitando la llegada de un mayor número de partículas olorosas hasta los receptores olfativos.
El olfato nos previene de las cosas que nos pueden ser agradables o desagradables, permitiéndonos discernir entre el olor de las flores y el de los desechos, por lo que desde la perspectiva espiritual representa la intuición, que nos prevendrá de las vibraciones compatibles o imcompatibles con el camino de la Luz que hemos iniciado, por lo que se  puede advertir que un iniciado sin olfato estaría a merced del error a que le pudieran conducir la ingenuidad o sus humanas ambiciones. A la intuición, en ciertos tratados ocultistas se le asocia y denomina como el séptimo sentido del hombre.
En el olfato se basa la ciencia de la respiración, cuya influencia está comprobada sobre la parte más sutil y delicada de nuestro ser: el sistema nervioso simpático y la inteligencia.
El Iniciado debe purificar su ambiente mental para poder respirar los átomos puros que tienen relación íntima con el pensamiento. De esa manera puede introducir en su cuerpo el aire más puro de los Tatvas.
“El hombre debe desprender olor de santidad. Esta frase no es alegórica ni poética; es una verdad, porque el hombre santo emana realmente un olor agradable que, aunque no sea percibido por el sentido físico del olfato, es muy penetrante para el sentido psíquico”. (Jorge Adoum)


CONCLUSIÓN

Para el pensamiento constructivista, la realidad se construye a partir de la experiencia de la propia realidad. Gerarld M. Edelman, premio Nobel en Fisiología, alude que cada acto de percepción es en cierto grado un acto de creación y cada acto de memoria es a cierto modo un acto de imaginación. Según Von Glasersfeld, el Hombre es el único responsable de sus pensamientos, su conocimiento y sus acciones.
Dado lo anterior, podemos discernir que la ciencia ha logrado penetrar inconscientemente al vasto universo del mundo interno, ha encontrado la llave, pero no ha podido quitarse la venda, los celosos secretos de la Naturaleza no destruirán sus barreras hasta que los verdaderos esfuerzos y anhelos del buscador así lo ameriten. Pese a que la Ciencia se mostró reacia durante los siglos a lo que denomina simples creencias, mitologías, leyendas o supersticiones, vale mencionar que ya está empezando a recibir vislumbres de sabiduría que refutan el pleno alcance del conocimiento desde los limitados instrumentos de laboratorio. La Ciencia está abriendo los ojos a la Luz Solar y ascendiendo tímidamente desde los más hondos laberintos de la Caverna de Platón, esto luego de hallarse en el escenario de no poder responder con lo material a todas sus interrogantes. Los mismos científicos están reconociendo la existencia de una realidad invisible y trascendente que habita en toda la formación del Universo y dentro de nosotros mismos, pero hasta que no puedan complementar adecuadamente lo científico con la contemplación filosófica y la clarividencia del ocultismo, no podrán entregar una explicación profunda y certera de todo lo existente. Pese a ello, este proceso es cuestión de tiempo. ”Misticismo cuántico”, se ha leído en uno que otro portal, pues ésta es la creencia de que las leyes de la mecánica cuántica incorporan las ideas místicas de las antiguas tradiciones religiosas, uniendo al misticismo oriental con la física cuántica. Como quiera llamársele, la unión de los cuatro caminos “Arte-Ciencia-Filosofía-Religión” está pronta a encarnar en los corazones de toda la humanidad.


DEMIAN LUCANO


viernes, 29 de abril de 2016

La Evolución Primitiva de la Religión

Documento 86

La Evolución Primitiva de la Religión

(950.1) 86:0.1 LA EVOLUCIÓN de la religión que partió del impulso de adoración primitivo y precedente no depende de la revelación. El funcionamiento normal de la mente humana bajo la influencia directora del sexto y séptimo ayudantes de la mente de la dote espiritual universal es totalmente suficiente para asegurar tal desarrollo.
(950.2) 86:0.2 El más primitivo temor prerreligioso del hombre a las fuerzas de la naturaleza, gradualmente se volvió religioso a medida que la naturaleza se fue personificando, espiritualizando y finalmente deificando en la conciencia humana. La religión de tipo primitivo fue por lo tanto una consecuencia biológica natural de la inercia psicológica de la mente animal en evolución una vez que dicha mente llegaba a captar el concepto de lo sobrenatural.

1. El Azar: la Buena Suerte y la Mala Suerte

(950.3) 86:1.1 Aparte del impulso natural de adoración, la religión evolutiva primitiva tuvo su origen en las experiencias humanas del azar: la así llamada suerte, los sucesos comunes. El hombre primitivo era un cazador de alimentos. Los resultados de la caza variaban constantemente, y esto dio origen inevitable a esas experiencias que el hombre interpreta como buena suerte y mala suerte. La infortunio fue un factor muy importante en la vida de los hombres y mujeres que vivían constantemente bajo el filo de la navaja de una existencia precaria y difícil.
(950.4) 86:1.2 El horizonte intelectual limitado del salvaje tanto concentra la atención sobre el azar que la suerte se torna un factor constante en su vida. Los urantianos primitivos luchaban por su subsistencia, no por un estándar de vida; vivían vida llena de peligro en la que el azar jugaba un papel importante. El temor constante de lo desconocido y de las calamidades invisibles pesaba sobre estos salvajes como una nube de desesperación que efectivamente eclipsaba todo placer; vivían en temor constante de hacer algo que hiciera volver la mala suerte. Los salvajes supersticiosos siempre temían el soplo de la buena suerte; veían tan buena fortuna como un signo certero de calamidades futuras.
(950.5) 86:1.3 Este terror de la mala suerte constantemente presente era paralizante. ¿Para qué trabajar tanto y cosechar mala suerte —nada por algo— cuando era posible dejarse llevar y encontrar la buena suerte —algo por nada? Los hombres que no razonan olvidan la buena suerte —la toman como cosa natural— pero recuerdan dolorosamente la mala suerte.
(950.6) 86:1.4 El hombre primitivo vivía en la inseguridad y en el temor constante del azar — de la mala suerte. La vida era un estimulante juego de azar; la existencia, una empresa arriesgada. No es de extrañar que los pueblos parcialmente civilizados aún crean en el azar y manifiesten predisposiciones residuales por el juego de azar. El hombre primitivo alternaba entre dos poderosos intereses: la pasión de conseguir algo por nada y el temor de conseguir nada por algo. Este juego de la existencia era el interés principal y la suprema fascinación de la mente salvaje primitiva.
(951.1) 86:1.5 Más adelante los pastores compartieron estos sentimientos sobre el azar y la for-tuna, mientras que los agricultores aun más recientes tenían clara conciencia del hecho de que las cosechas dependían de muchas cosas sobre las que el hombre tenía poco o ningún control. El agricultor se halló víctima de la sequía, las inundaciones, el granizo, las tormentas, las plagas y las enfermedades de las plantas, así como también del calor y el frío. Y puesto que todas estas influencias naturales afectaban la prosperidad individual, se las consideraba buena suerte o mala suerte.
(951.2) 86:1.6 Esta idea de azar y suerte colorearon fuertemente la filosofía de todos los pueblos antiguos. Aun en tiempos recientes en la sabiduría de Salomón está escrito: «Me volví y vi que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y occasión acontenecen a todos. Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos».

2. La Personificación del Azar

(951.3) 86:2.1 La ansiedad era un estado natural de la mente salvaje. Cuando los hombres y las mujeres caen víctimas de una ansiedad excesiva, vuelven simplemente al estado natural de sus antepasados distantes; y cuando la ansiedad se vuelve realmente dolorosa, inhibe la actividad e instituye infaliblemente cambios evolutivos y adaptaciones biológicas. El dolor y el sufrimiento son esenciales para la evolución progresiva.
(951.4) 86:2.2 La lucha por la vida es tan dolorosa que ciertas tribus retrógadas aún hoy lloran y lamentan cada amanecer. El hombre primitivo constantemente se preguntaba: «¿Quién me atormenta?». Al no hallar una fuente material de su sufrimiento, se contentó con una explicación espiritual. Así nació la religión del temor a lo misterioso, el respeto a lo invisible y el terror de lo desconocido. El temor a la naturaleza se volvió así un factor en la lucha por la existencia: primero por la presencia del azar y luego por la presencia del misterio.
(951.5) 86:2.3 La mente primitiva era lógica pero contenía pocas ideas para la asociación inteligente; la mente salvaje no era educada, era totalmente no sofisticada. Si un acontecimiento seguía al otro, el salvaje lo consideraba causa y efecto. Lo que el hombre civilizado considera superstición era tan sólo ignorancia en el salvaje. La humanidad ha sido lenta en aprender que no hay necesariamente relación alguna entre propósitos y resultados. Los seres humanos tan sólo ahora comienzan a darse cuenta de que las reacciones de la existencia aparecen entre las acciones y sus consecuencias. El salvaje trata de personalizar todo lo que sea intangible y abstracto, y de este modo tanto la naturaleza como el azar se vuelven personalizados como fantasmas —espíritus— y más adelante como dioses.
(951.6) 86:2.4 El hombre naturalmente tiende a creer en lo que cree le convenga, lo que es de su inmediato o remoto interés; el autointerés oscurece en gran parte a la lógica. La diferencia entre la mente del salvaje y la mente del hombre civilizado es más una de contenido que de naturaleza, o de grado más bien que de calidad.
(951.7) 86:2.5 Pero seguir atribuyendo a causas sobrenaturales lo que resulta difícil de comprender no es más que una manera perezosa y conveniente de evitar toda forma de trabajo duro e intelectual. La suerte es meramente un término creado para amparar lo inexplicable en cualquier era de la existencia humana; define aquellos fenómenos que el hombre es incapaz de penetrar o no desea penetrar. Azar es una palabra que significa que el hombre es demasiado ignorante o demasiado indolente para determinar las causas. El hombre considera los sucesos naturales como accidentes o mala suerte sólo cuando carece de curiosidad e imaginación, cuando la raza no tiene iniciativa ni sentido de la aventura. La exploración de los fenómenos de la vida más tarde o más temprano destruye la creencia del hombre en el azar, la suerte y los así llamados accidentes, sustituyéndola por un universo de ley y orden en el que los efectos son precedidos por causas definidas. Así pues, el temor a la existencia es reemplazado por la felicidad del vivir.
(952.1) 86:2.6 El salvaje consideraba que la naturaleza toda estaba viva, como poseída por algo. El hombre civilizado aún patea e insulta a aquellos objetos inanimados que lo obstaculizan o lastiman. El hombre primitivo siempre creyó que todo era intencional y nunca consideró que fuese accidental. Para el hombre primitivo el dominio de los hados, la función de la suerte, el mundo espiritual, era tan desorganizado y confuso como la sociedad primitiva. La suerte se consideraba la reacción azarosa y temperamental del mundo espiritual; más adelante, el estado de ánimo de los dioses.
(952.2) 86:2.7 Pero no todas las religiones evolucionaron del animismo. Otros conceptos de lo sobrenatural fueron contemporáneos al animismo, y estas creencias también condujeron a la adoración. El naturalismo no es una religión —es el vástago de la religión.

3. La Muerte — Lo Inexplicable

(952.3) 86:3.1 La muerte era para el hombre evolutivo el supremo arcano, la combinación más aterradora de azar y misterio. El arcano de la muerte, más bien que la santidad de la vida, inspiró el temor y de esta manera fomentó eficazmente la religión. Entre los pueblos salvajes la muerte era generalmente violenta, de modo que la muerte sin violencia se tornó cada vez más misteriosa. El concepto de muerte como fin natural y previsto de la vida no era claro para la conciencia de los pueblos primitivos, y le llevó al hombre edades tras edades darse cuenta de su inevitabilidad.
(952.4) 86:3.2 El hombre primitivo aceptaba la vida como hecho, pero consideraba la muerte una visitación. Todas las razas tienen sus leyendas de hombres que no morían, tradiciones residuales de la actitud primitiva hacia la muerte. Ya en la mente humana existía el concepto nebuloso de un mundo espiritual vago y desorganizado, un dominio del cual provenía todo lo inexplicable en la vida humana, y la muerte fue agregada a esta larga lista de fenómenos sin explicación.
(952.5) 86:3.3 Todas las enfermedades humanas y la muerte natural se atribuyeron al principio a la influencia de los espíritus. Aún en este momento algunas razas civilizadas consideran la enfermedad como algo producido por «el enemigo» y dependen de ceremonias religiosas para efectuar la curación. Sistemas más recientes y más complejos de teología aún atribuyen la muerte a la acción del mundo espiritual, todo lo cual condujo a doctrinas tales como el pecado original y la caída del hombre.
(952.6) 86:3.4 Fue la comprensión de la impotencia ante la fuerza poderosa de la naturaleza, juntamente con el reconocimiento de la debilidad humana ante las visitaciones de la enfermedad y de la muerte, lo que obligó al salvaje a buscar ayuda en el mundo super-material, que vagamente visualizaba como la fuente de estas vicisitudes misteriosas de la vida.

4. El Concepto de la Supervivencia de la Muerte

(952.7) 86:4.1 El concepto de una fase supermaterial de la personalidad mortal nació de la asociación inconsciente y puramente accidental de los sucesos de la vida diaria sumados al sueño fantasmal. El hecho de que varios miembros de una tribu soñaran simultáneamente con un cacique fallecido parecía constituir prueba convincente de que el viejo cacique había realmente retornado en alguna forma. Resultaba todo muy real para el salvaje quien despertaba de tales sueños bañado de sudor, temblando y gritando.
(953.1) 86:4.2 El origen onírico de la creencia en una existencia futura explica la tendencia a imaginar siempre cosas invisibles en términos de cosas vistas. Finalmente este nuevo concepto de vida futura en el sueño fantasmal se tornó efectivamente el antídoto para el temor a la muerte, asociado con el instinto biológico de la autopreservación.
(953.2) 86:4.3 El hombre primitivo mucho se preocupaba por su respiración, especialmente en los climas fríos, allí donde aparecía su aliento como una nube cuando exhalaba. El aliento de la vida se consideraba un fenómeno que diferenciaba a los vivos de los muertos. Sabía que el aliento podía abandonar al cuerpo, y sus sueños, en los que hacía todo tipo de cosas extrañas mientras dormía, le convencieron que había algo inmaterial en el ser humano. La idea más primitiva del alma humana, el fantasma, se derivó del sistema ideacional del aliento-sueño.
(953.3) 86:4.4 Finalmente el salvaje se concibió a sí mismo como un ente doble: cuerpo y aliento. El aliento menos el cuerpo igualaba al espíritu, al fantasma. Aunque tenían origen muy claramente humano, los fantasmas, o espíritus, se consideraban sobrehumanos. Esta creencia en la existencia de espíritus sin cuerpo parecía explicar la ocurrencia de lo raro, lo extraordinario, lo infrecuente y lo inexplicable.
(953.4) 86:4.5 La doctrina primitiva de supervivencia después de la muerte no fue necesariamente una creencia en la inmortalidad. Estos seres que no llegaban a contar más de veinte difícilmente podían concebir la infinidad y la eternidad; más bien pensaban en encarnaciones recurrentes.
(953.5) 86:4.6 La raza anaranjada se dejó llevar especialmente por la creencia en la transmigración y reencarnación. Esta idea de la reencarnación se originó en la observación de la similitud hereditaria de rasgos en los vástagos respecto de sus antepasados. La costumbre de llamar a los hijos con el nombre de los abuelos y de otros antepasados se debía a la creencia en la reencarnación. Algunas razas posteriores creían que el hombre moría de tres a siete veces. Esta creencia (residuo de las enseñanzas de Adán sobre los mundos de estancia), y muchos otros residuos de la religión revelada, se pueden encontrar entre las doctrinas por otra parte absurdas de los bárbaros del siglo veinte.
(953.6) 86:4.7 El hombre primitivo no imaginó el infierno ni castigos futuros. El salvaje consideraba la vida futura como igual a ésta, menos la mala suerte. Más adelante, se concibió un destino separado para los buenos fantasmas y los malos fantasmas —el cielo y el infierno. Pero puesto que muchas razas primitivas creían que el hombre entraba a la vida próxima tal como dejaba ésta, no les gustaba la idea de volverse viejos y decrépitos. Los vejetes preferían que se los matara antes de que se volviesen demasiado débiles.
(953.7) 86:4.8 Casi todos los grupos tenían una idea diferente sobre el destino del alma fantasmal. Los griegos creían que los hombres débiles debían tener almas débiles; así pues inventaron el Hades como el lugar adecuado para la recepción de tales almas anémicas; también se creía que estos ejemplares no robustos tenían sombras más cortas. Los anditas primitivos creían que sus fantasmas volvían a las tierras ancestrales. Los chinos y los egipcios antiguamente creían que el alma y el cuerpo permanecían juntos. Entre los egipcios esto condujo a la construcción esmerada de la tumba y a grandes esfuerzos por la preservación del cuerpo. Aun los pueblos modernos tratan de detener el deterioro de la muerte. Los hebreos concebían que una réplica fantasmal del individuo bajaba a sheol; no podía retornar a la tierra de los vivos. Hicieron un avance importante en la doctrina de la evolución del alma.

5. El Concepto del Alma Fantasma

(953.8) 86:5.1 La parte no material del hombre se ha denominado variadamente fantasma, espíritu, sombra, espectro, y últimamente alma. El alma era el doble del hombre primitivo en su sueño; era en todas las formas exactamente igual al mortal mismo excepto que no respondía al sentido del tacto. La creencia en los dobles oníricos condujo directamente a la idea de que todas las cosas animadas e inanimadas tienen alma, tanto como tienen los hombres. Este concepto tendió a perpetuar por largo tiempo las creencias en los espíritus de la naturaleza. Los esquimales aún conciben que todo en la naturaleza tiene su espíritu.
(954.1) 86:5.2 El alma fantasmal podía oírse y verse, pero no se la podía tocar. Gradualmente la vida onírica de la raza tanto desarrolló y amplió las actividades de este mundo espiritual evolutivo que la muerte llegó a definirse como «echar el alma». Todas las tribus primitivas, excepto las que estaban apenas por encima de los animales, han desarrollado algún concepto del alma. A medida que avanza la civilización, este concepto supersticioso del alma se destruye, y el hombre depende completamente de la revelación y de la experiencia personal religiosa para su nueva idea del alma como creación conjunta de la mente mortal que conoce a Dios y de su espíritu residente, el Ajustador del Pensamiento.
(954.2) 86:5.3 Los mortales primitivos generalmente no supieron diferenciar los conceptos de un espíritu residente y de un alma de naturaleza evolucionaria. El salvaje estaba muy confundido en cuanto a si el alma fantasmal nacía del cuerpo o era una agencia externa en posesión del cuerpo. La ausencia de pensamiento razonado en presencia de la confusión explica las incongruencias groseras del punto de vista salvaje sobre el alma, los fantasmas y los espíritus.
(954.3) 86:5.4 Se creía que el alma era al cuerpo como lo que el perfume es a la flor. Los antiguos creían que el alma podía abandonar al cuerpo de varias maneras, como por ejemplo:
(954.4) 86:5.5 1. En el desmayo común y pasajero.
(954.5) 86:5.6 2. Al dormir, en el sueño natural.
(954.6) 86:5.7 3. En el coma y la pérdida de conciencia asociada con la enfermedad o los accidentes.
(954.7) 86:5.8 4. En la muerte, la partida permanente.
(954.8) 86:5.9 El salvaje consideraba el estornudo un intento abortivo del alma de escapar al cuerpo. Como estaba despierto y en vigilancia, el cuerpo podía abortar el intento de fuga del alma. Más adelante, el estornudo siempre fue acompañado por alguna expresión religiosa, como por ejemplo, «¡que Dios te bendiga!»
(954.9) 86:5.10 Primitivamente en la evolución el sueño era considerado como la prueba de que el alma fantasmal podía faltarle al cuerpo, y se creía que se la podía llamar de vuelta hablando o gritando el nombre del que dormía. En otras formas de pérdida de la conciencia, se creía que el alma se había alejado más, tal vez tratando de escapar para siempre —amenaza de muerte. Los sueños se consideraban experiencias del alma provisionalmente ausente del cuerpo que dormía. El salvaje cree que sus sueños son tal reales como cualquier parte de su experiencia cuando está despierto. Los antiguos tenían la práctica de despertar suavemente a los que dormían para que el alma tuviera tiempo de volver al cuerpo.
(954.10) 86:5.11 A través de todas las edades los hombres han tenido miedo de las apariciones nocturnas, y los hebreos no fueron una excepción. Verdaderamente creían que Dios les hablaba en sueños, a pesar de las admoniciones de Moisés contra esta idea. Y Moisés tenía razón, porque los sueños comunes no son métodos empleados por las personalidades del mundo espiritual cuando buscan comunicarse con los seres materiales.
(954.11) 86:5.12 Los antiguos creían que las almas podían entrar en los animales o aun en los objetos inanimados. Esto culminó en las ideas de identificación animal, como por ejemplo el hombre lobo. Era posible que el alma de un ciudadano, observante de la ley durante el día, le abandonase cuando dormía para meterse en un lobo u otro animal y cometer depredaciones nocturnas.
(955.1) 86:5.13 Los hombres primitivos creían que el alma estaba asociada con el aliento, y que sus cualidades podían ser impartidas o transferidas por el aliento. El cacique valeroso respiraba sobre el niño recién nacido, impartiéndole así valor. Entre los cristianos primitivos la ceremonia de donar el Espíritu Santo iba acompañada de respirar sobre los candidatos. Dijo el salmista: «Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca». Por mucho tiempo fue costumbre del hijo mayor tratar de aspirar el último aliento de su padre moribundo.
(955.2) 86:5.14 Más adelante se llegó a temer la sombra y reverenciarla, como el aliento. El propio reflejo en el agua también se consideraba a veces como prueba del ser doble, y los espejos se respetaban con miedo supersticioso. Aun ahora muchas personas civilizadas dan vuelta al espejo contra la pared cuando hay una muerte en la familia. Algunas tribus retrógadas aún creen que hacer retratos, dibujos, modelos o imágenes quita todo o parte del alma del cuerpo; por lo tanto estas cosas están prohibidas.
(955.3) 86:5.15 Se pensaba generalmente que el alma estaba identificada con el aliento, pero también estaba ubicada según distintos pueblos en la cabeza, el cabello, el corazón, el hígado, la sangre y la grasa. «La voz de la sangre de Abel que clama desde la tierra» expresa la creencia antigua de la presencia del fantasma en la sangre. Los semitas enseñaban que el alma residía en la gordura del cuerpo, y entre muchos comer grasa animal era tabú. La caza de cabezas fue un método para captar el alma del enemigo, así como también el quitarle el cuero cabelludo. En tiempos recientes los ojos se han considerado las ventanas del alma.
(955.4) 86:5.16 Los que mantenían la doctrina de tres o cuatro almas creían que la pérdida de un alma significaba incomodidad; dos, enfermedad; tres, muerte. Un alma vivía en el aliento, una en la cabeza, una en el cabello y otra en el corazón. Se aconsejaba que los enfermos deambularan al aire libre con la esperanza de volver a captar sus almas vagabundas. Los mejores curanderos intercambiaban según se suponía el alma enferma de una persona enfermiza por un alma nueva, el «nuevo nacimiento».
(955.5) 86:5.17 Los hijos de Badonán desarrollaron la creencia en dos almas, el aliento y la sombra. Las primitivas razas noditas consideraban al hombre como que consistía en dos personas: alma y cuerpo. Esta filosofía de la existencia humana se reflejó más adelante en el punto de vista griego. Los griegos creían en tres almas; el alma vegetativa residía en el estómago, el alma animal en el corazón, el alma intelectual en la cabeza. Los esquimales creen que el hombre tiene tres partes: cuerpo, alma y nombre.

6. El Medio Ambiente de Espíritus y Fantasmas

(955.6) 86:6.1 El hombre heredó un medio ambiente natural, adquirió un medio ambiente social e imaginó un medio ambiente fantasmal. El estado es la reacción del hombre a su medio ambiente natural, el hogar a su medio ambiente social, la iglesia a su medio ambiente fantasmal ilusorio.
(955.7) 86:6.2 Muy pronto en la historia de la humanidad las realidades del mundo imaginario de los fantasmas y espíritus se volvieron universalmente creencias, y este mundo espiritual imaginado nuevamente se tornó un poder en la sociedad primitiva. La vida mental y moral de toda la humanidad fue modificada para siempre por la aparición de este nuevo factor en el pensamiento y la actuación humanas.
(955.8) 86:6.3 Dentro de esta importante premisa de ilusión e ignorancia, el temor a la muerte ha acumulado todas las supersticiones y religiones subsiguientes de los pueblos primitivos. Ésta fue la única religión del hombre hasta los tiempos de la revelación, y hoy en día muchas de las razas del mundo tan sólo tienen esta burda religión evolucionaria.
(955.9) 86:6.4 A medida que progresó la evolución, la buena suerte se empezó a asociar con los buenos espíritus y la mala suerte con los espíritus malignos. Las dificultades de una adaptación forzada a un medio ambiente cambiante se consideraban mala suerte, la ira de los fantasmas espíritus. El hombre primitivo lentamente desarrolló la religión, partiendo de su innato impulso natural hacia la adoración y de su interpretación errónea del azar. El hombre civilizado provee esquemas de seguro para sobreponerse a estas vicisitudes del azar; la ciencia moderna ofrece un actuario de seguros basado en la matemática para reemplazar a los espíritus ficticios y dioses capr ichosos.
(956.1) 86:6.5 Cada generación que pasa se ríe de las supersticiones tontas de sus antepasados, pero persiste en errores de pensamiento y de adoración que motivarán la risa de una posteridad esclarecida.
(956.2) 86:6.6 Pero por fin la mente del hombre primitivo estuvo ocupada con pensamientos que transcendían todos sus impulsos biológicos inherentes; por fin el hombre estaba a punto de desarrollar un arte de vivir basado en algo más que la respuesta a los estímulos materiales. Empezaban a brotar los comienzos de una primitiva norma filosófica para la vida. Una norma de vida sobrenatural estaba a punto de aparecer porque, si el fantasma espiritual airado desencadena la mala suerte y complacido, la buena suerte, la conducta humana habrá de reglamentarse según ello. El concepto del bien y del mal por fin se ha desarrollado; y todo ello mucho antes de los tiempos de las revelaciones en la tierra.
(956.3) 86:6.7 Con la aparición de estos conceptos, comenzó la prolongada y ruinosa lucha por apaciguar a los espíritus constantemente airados, la esclavitud y servidumbre al temor religioso evolucionario, ese prolongado desperdicio del esfuerzo humano en tumbas, templos, sacrificios y sacerdocios. Fue un precio tremendo y tremebundo que hubo que pagar, pero valió su costo, porque el hombre por este medio alcanzó una conciencia natural del bien y del mal relativos; ¡así nació la ética humana!

7. La Función de la Religión Primitiva

(956.4) 86:7.1 El salvaje sintió la necesidad de asegurarse, y por consiguiente pagó voluntariamente las pesadas primas de temor, superstición, terror y obsequios a los sacerdotes para obtener su póliza de seguro mágico contra la mala suerte. La religión primitiva fue simplemente el pago de las primas de seguro contra los peligros del bosque; el hombre civilizado paga primas materiales contra los accidentes de la industria y las exigencias del sistema moderno de vida.
(956.5) 86:7.2 La sociedad moderna traslada las operaciones de seguro del ambiente sacerdotal y religioso al mundo de la economía. La religión se ocupa cada vez más al seguro de la vida más allá de la tumba. Los hombres modernos, por lo menos los que piensan, ya no pagan primas inútiles para controlar su suerte. La religión asciende lentamente a niveles filosóficos más altos, en comparación con su antigua función como sistema de seguros contra la mala suerte.
(956.6) 86:7.3 Pero estas antiguas ideas religiosas previnieron que el hombre se volviera fatalista y desesperadamente pesimista; los hombres creyeron así que podían por lo menos hacer algo para influir sobre sus hados. La religión del temor a los fantasmas convenció a los hombres de que debían reglamentar su conducta, de que existía un mundo supermaterial que controlaba el destino humano.
(956.7) 86:7.4 Las razas civilizadas modernas comienzan a salir del temor a los fantasmas como explicación de las vicisitudes de la suerte y de las desigualdades comunes de la existencia. La humanidad se está emancipando de la esclavitud de las explicaciones espíritu-fantasmales de la mala suerte. Pero aunque los hombres descartan la doctrina errónea de una causa espiritual de las vicisitudes de la vida, exhiben una disposición sorprendente a aceptar una enseñanza casi igualmente errónea que les incita a atribuir todas las desigu aldades humanas a la falta de adaptación política, a la injusticia social y a la competencia industrial. Las nuevas legislaciones, la mayor filantropía y la reorganización industrial, aunque en sí sean buenas, no remediarán los hechos del nacimiento y los accidentes del vivir. Sólo la comprensión de los hechos y la manipulación sabia dentro de las leyes de la naturaleza permitirá al hombre conseguir lo que quiere y evitar lo que no quiere. El conocimiento científico, que lleva a la acción científica, es el único antídoto para los así llamados males accidentales.
(957.1) 86:7.5 La industria, la guerra, la esclavitud y el gobierno civil surgieron en respuesta a la evolución social del hombre en su medio natural. La religión similarmente surgió como respuesta al medio ilusorio del mundo imaginario de los fantasmas. La religión fue un desarrollo evolutivo del automantenimiento, y ha tenido una buena influencia, a pesar de que fuera originalmente errónea en su concepto y totalmente ilógica.
(957.2) 86:7.6 La religión primitiva preparó el terreno de la mente humana, mediante la fuerza poderosa y espeluznante del temor falso, para recibir una fuerza espiritual auténtica de origen sobrenatural, el Ajustador del Pensamiento. Y los Ajustadores divinos han laborado por siempre para transmutar el temor a Dios en amor a Dios. La evolución podrá ser lenta, pero es infaliblemente eficaz.

(957.3) 86:7.7 [Presentado por una Estrella Vespertina de Nebadon.]




El Libro de Urantia
Anónimo