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martes, 5 de noviembre de 2024

Carta a un joven místico

 


Carta a un joven místico

(Género epistolar de ficción)

Autor: Felipe De Lucas Arellano

Es increíble lo que es el Camino Iniciático, en realidad, nunca más vuelves a ser quién eras antes de aquel. Mi iniciación fue cuando tuve diez y nueve años de edad, y mucho no quiero contar, ya que develar información con detalles podría generar naturales dudas por parte de ciertos grupos, la razón de la mente física nos hace cuestionar todo. Lo único que puedo decir es que fue una planeada iniciación celestial, no me refiero a la iniciación física en un templo físico, fue una iniciación a nivel de conciencia, a nivel de alma y espíritu, una situación que conllevó la participación de mi ser absoluto.

     Jamás esperé lo que silenciosamente me aguardaba. Una vez que has cruzado el umbral comienzan a acontecer una serie de extraños fenómenos en ti, desarrollas el séptimo sentido y una vista que viaja a través del campo cuántico. Debes ya empezar a actuar. Con la meditación y la oración vamos eliminando los átomos Rajásicos y Tamásicos de nuestro sistema, nos hemos de inundar de interminable Sattva que entra desde el éter cósmico en forma de prana.

     Poco a poco la clarividencia, la clariaudiencia y otras curiosas habilidades se expanden y no solo se comienza a percibir o pensar con la mente suprasensible o con los sistemas de percepción no habituales, sino que, con la práctica, cada célula comienza a percibir, a intuir, a pensar por sí solas. El sistema nervioso del iniciado se expande mucho más allá del cuerpo físico, pues, este abarca ya el cuerpo aúrico. El iniciado debe constantemente comandar su sistema nervioso y dotarle de relajación, ya que cada sonido o vibración desde la más grande a la más pequeña, que podría ser una hormiga o un insecto enterrado bajo tierra, comienza a percibirse y claramente puedes comunicarte y pensar en conjunto con cada uno de ellos, e incluso con plantas, minerales y otros parajes imposibles de revelar por estos medios públicos.

     Es por eso que el descontrol de los sentidos y de la psiquis se encuentra a la vuelta de la esquina, todo aquel que recorra el sendero debe constantemente evitar dormirse en el Maya, en cada segundo debe concentrarse en quién se es, no olvidar lo que está realizando, hora, lugar, día y fecha del momento presente mismo, además re-dirigir la conciencia en la direccionalidad de los puntos cardinales desde la posición espacial o geográfica en la que se encuentre, este ejercicio debe ser a cada instante y todos a la vez.

     Orar constantemente a la Causa Primera de todas las cosas nos salvaguarda en desfallecer ante el descontrol de la psiquis, debe uno dirigirse a los sagrados Templos de la realidad antimaterial para solicitar paz, tranquilidad y fuerza, sin olvidar lo más importante: solicitar Amor, convierte todo tu Ser en dicho concepto, ya que el amor es fuente de toda sabiduría. Muchos etiquetados de esquizofrénicos han sido grandes Iniciados que no pudieron controlar todo lo que se les avecinó, escúchalos hablar, están llenos de experiencias místicas.

     Amados lectores, ámense los unos a los otros, amen a toda la creación, admírenla y bendigan en nombre del trino poder. El camino iniciático no es fácil, ya que participar del sendero apresura nuestro Karma y vivimos más tribulaciones que de lo común, ya que se disminuyen las encarnaciones a una o dos más, de 108 o mil, a una o dos más; por lo tanto, no te asustes de la intensidad con la que debes vivir. Hay que ser fuertes y no mirar hacia atrás, no apegarse, desprender el ‘yoe’ de la conciencia, contacta a Madre Isis y ruégale que desvanezca los quisquillosos pulpos yoísticos.

     Estás en un camino culmine de tu evolución en la Tierra, si continuas sin miedo conocerás pronto otros maravillosos mundos. La oscuridad es la primera estación del camino iniciático, la plena sombra en su más potente manifestación, pues, no es solo nuestra propia sombra, sino la de toda la humanidad la que ha de traspasar el subconsciente y actuar en la mente, es esta la que debe controlar en los primeros pasos el explorador de la jungla del destino.

     El control del aparato respiratorio es fundamental para alinearse con el Maestro, ya que este mismo inhala y exhala, al igual que Dios en la creación de los mundos. Invoca al Maestro Interno con el pensamiento y le hallarás. Convérsale y te mostrará la luz de la verdad, él te guiará. Escucha la voz que resuena más allá de todas las capas de lo aparente, sumérgete en el océano interminable de vida que se halla inmerso en ti, no dejes que el yo psicológico te haga dudar, no permitas que la envoltura del ego te aconseje mal, no te dejes dominar ni por el cuerpo astral, ni físico, ni mental. Todos aquellos desean el trono de tu castillo. Solo súmete en la inmensidad del verdadero ser que en ti habita y abre la cerradura que te mostrará las imágenes del océano infinito.

     Conviértete de discípulo en maestro, sin olvidar la constante disciplina y paciencia que esto significa, considerando que a cada minuto existen pruebas para evolucionar. Invoca al Om cósmico en sus diversas manifestaciones, siempre con estado anímico positivo y sin pasión alguna si es que no quieres invocar a la sombra del espectro sephirótico del universo cabalístico, la cual está repleta de terribles entidades, cuida tu estado de ánimo, que siempre sea de alegría y positivismo, aquí la imaginación juega un importante rol que ya controlarás con la práctica.

     Las deidades o sacerdotes del panteón celestial te amarán si acudes a ellos con humildad, con cariño y con amor, pues, muy bien recibido en los templos dimensionales es el iniciado que va con la mayor de las humildades. Déjate acariciar por las supremas deidades que haz de llamar para nutrirte en atómico Sattva puro, reluciente y armónico Sattva cósmico. Durante la meditación, en el oído derecho fija tu atención y despréndete de la ilusión, déjate salir para entrar al santuario de tu deidad predilecta. Poco a poco irás asumiendo responsabilidades con el orden universal, son cosas que comprenderás cuando los dioses te observen fijamente a los ojos, sumérgete en el torbellino de energía que la mirada intensa del dios te ha de regalar, medita en la mirada del dios, mientras te observa fijamente. Contempla, analiza y reflexiona la misión que se te encomienda y empieza a ejercerla apenas encuentres la oportunidad, pues, el iniciado es un actor mediador entre los pares de opuestos universales.

     Haz uno lo que aparentemente es opuesto, busca el equilibrio en todos los aspectos, defiende tu ideal en los diversos planos, se tú y nadie más. No anheles siddhis ni poderes psíquicos aún, todos se brindarán a su debido tiempo y cuando el maestro lo permita y lo encuentre conveniente para ti, no has de anhelarlos antes. Cuando poseas un siddhi lo sabrás; aun así, ya varios siddhis se te han brindado por el solo hecho de llevar en tu corazón a la Amada Madre protectora de los misterios del Cosmos.

     Hermano mío, cierra a Ajna de malas influencias y protégete constantemente de la tentación que asecha, sabes qué hacer y en caso de perder el volante de tu propia inspiración, no temas, envuélvete nuevamente de ti mismo, cayendo en tu interior la verdad será revelada nuevamente; una y otra vez báñate en el destello prístino de la magia crística interna. Se puro sattva y florecerás en dorado expansivo centrífugo, ese dorado, es el del Nirmanakaya, el que se dedica a la humanidad. Reza tu japamala las veces que tu corazón dicte y nada libremente por la corriente nirvánica cuanto desees sin olvidar tu misión, así volverás recargado y procederás, ya que esa es la razón de nuestra existencia, hasta que, transcurridos los eones de tiempo necesarios, la oscura noche del gran Pralaya nos haga nuevamente descansar.

Esa es la Ley del Ein Sof.

Ar Uha Adzam


Año original: 2016

Última revisión: 14 de diciembre de 2022.

Imagen: François Boucher – “Salida del mensajero”, “El despacho del mensajero”, “El envío del mensajero” o “Enviando el mensajero” (1765). Óleo sobre lienzo 32 x 27 cms, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York.


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